Colonialismo verde
¿Qué se entiende por colonialismo verde?
El colonialismo verde se define como una relación de poder desigual en la que empresas y organizaciones del Norte Global utilizan las tierras y recursos del Sur Global para sus propios fines de lucro y mitigación climática, a menudo a expensas de los derechos y la supervivencia de las comunidades locales e indígenas. Bajo la narrativa de las “soluciones basadas en la naturaleza”, grandes corporaciones —incluyendo a las Big Tech como Microsoft, Google, Meta y Amazon— adquieren derechos sobre vastos territorios para generar créditos de carbono, lo que frecuentemente resulta en el desplazamiento de poblaciones, la pérdida de soberanía alimentaria y la violación del consentimiento previo, libre e informado.
El caso de Blue Carbon en Liberia: el control del territorio.
En marzo de 2023, la empresa emiratí Blue Carbon firmó un acuerdo con el gobierno de Liberia, para obtener los derechos exclusivos sobre más de un millón de hectáreas de bosque, lo que equivale, aproximadamente al 10 % del territorio nacional. Este acuerdo viola leyes locales de derechos sobre la tierra que protegen la propiedad de las comunidades. Además, al ceder estos derechos por 30 años, Liberia pierde la capacidad de usar esos mismos bosques, para cumplir con sus propios compromisos climáticos nacionales, bajo el Acuerdo de París. Desde el punto de vista económico, el contrato estipula que la empresa extranjera se quedaría con el 70 % de los beneficios, mientras que las comunidades locales solo recibirían una fracción de la parte restante, gestionada por un comité dominado por representantes de la empresa y el gobierno.
TotalEnergies en la República del Congo: el desplazamiento de agricultores.
En la República del Congo, un proyecto conjunto entre TotalEnergies y Forest Neutral Congo busca plantar 40.000 hectáreas de árboles de acacia, para capturar 10 millones de toneladas de CO₂ en dos décadas. Investigaciones en el terreno revelaron que pequeños agricultores fueron expulsados de sus tierras, mediante compensaciones financieras simbólicas o, en algunos casos, sin compensación alguna. Las leyes de tierras del país, que otorgan la propiedad al Estado, fueron utilizadas para facilitar la transferencia de terrenos, que habían pertenecido a familias campesinas durante generaciones, impidiéndoles ahora cultivar los alimentos de los que dependen sus familias.
El drama de los agricultores en Uganda: el hambre “compensada”.
La cadena sueca de hamburguesas Max ha financiado un proyecto en Uganda, donde se paga a los campesinos para que planten árboles en sus propias parcelas, con el fin de compensar las emisiones de la producción de carne. Aunque inicialmente parecía una buena oportunidad, los árboles crecieron rápidamente y empezaron a cubrir los campos, absorbiendo la luz, el agua y los nutrientes necesarios para los cultivos de alimentos. Los agricultores informaron que el pago de 100 dólares anuales por los créditos de carbono no compensaba en absoluto las pérdidas, por no poder vender, ni consumir sus propios productos, dejando a las familias en una situación de hambre extrema. Incluso se reportó que algunos campesinos enfrentaron amenazas de prisión por intentar talar los árboles para recuperar sus tierras de cultivo.
El papel de los certificadores y las corporaciones.
A pesar de que figuras como Bill Gates han calificado como “absurdo” el uso de la plantación de árboles para enfrentar la crisis climática, empresas como Microsoft continúan realizando compras masivas de créditos, vinculados a monocultivos de eucalipto en América Latina, que a menudo se asocian con el despojo de tierras indígenas. Estos proyectos son validados por certificadores como Verra y Gold Standard, que reciben grandes sumas de dinero por garantizar una integridad que, en la práctica, ha sido cuestionada por múltiples investigaciones que los señalan como facilitadores de estafas climáticas.
Analogía para entender el colonialismo verde.
Es como si un vecino rico de una mansión muy contaminante decidiera tirar su basura en el pequeño jardín de su vecino pobre. El rico le paga una cantidad miserable de dinero al pobre para que vigile esa basura y no la mueva, alegando que “ahora el barrio está más limpio”. Sin embargo, la basura ocupa todo el espacio del jardín, impidiendo que el vecino pobre pueda cultivar su comida, mientras el vecino rico sigue contaminando sin cambiar su estilo de vida. En este escenario, el beneficio ambiental es una ilusión contable, pero el daño para el vecino pobre es una realidad física y devastadora.
Raíz Verde seguirá explorando estas intersecciones entre tecnología, poder y justicia ambiental para separar las soluciones reales del maquillaje verde.
— MigLai (con ayuda de Grok)